Por Juan Carlos G Cantón López

Con prisa, una pizca de desesperación y adherido a la decisión emocional, las cosas siempre salen mal. Ojo, no estoy diciendo que ir al América sea una mala decisión. Es verdad, esta humilde pluma no es americanista (ni Dios lo mande), pero con la conciencia justa de aceptar que es el club (o uno de los clubes) más grande de México, sería estar chiflado decir lo contrario. 

 Pero no puedo evitar reflexionar y comparar. Me cuesta trabajo pensar que el mismo día que Héctor Herrera sostuvo en sus manos una histórica rojiblanca del Atlético con el número 16, Giovani Dos Santos firme con el América. Va de nuevo, querido lector; no estoy menospreciando la institución (que a toda proporción guardada merece respeto) pero uno escaló hacia arriba y el otro resbaló hacia abajo (todavía más).

 No nos engañemos. ¿Recuerdan aquel lejano 2006? ¡Uff! Yo pasaba justamente una estancia académica en Barcelona cuando un chico de 17 años deslumbraba al mundo. “Se parece a Ronaldinho” me decían colegas españoles. “Qué suerte tenéis que el chico sea mexicano” replicaban otros. Yo, por supuesto, inflé el pecho y les contesté “Y campeón del mundo Sub 17, México pronto ganará un Mundial mayor”. Qué pena me doy ahora que lo recuerdo. Bien lo dice mi padre: jamás recomiendes a nadie. 

 Pero no era para menos. El muchacho regateaba, tenía velocidad, jugadas de fantasía, goles de altísima manufactura, buena actitud… lo tenía todo. ¿Quién lo pensaría? Era la joya de la corona del Barça, ¡y alado del mismísimo Ronaldinho! y con los años, se fue diluyendo hasta convertirse en esto… en un futbolista del América, de rebote. Porque las cosas como son; llegó porque no tenía equipo. Porque el Galaxy lo desechó y porque Miguel Herrera jamás lo tuvo en planes.

 Ese triste y oscuro peregrinar por Europa de Gio, al final del túnel, puede que no haya sido tan malo. Hombre, ¿el peor momento de su carrera y ganar lo que quiera?. Ya quisiéramos muchos. Será el mejor pagado junto a Nico Castillo y Gignac. Pero si fuera beisbol, Dos Santos estaría en las menores, ya desde tiempo atrás. Y miren que del Barça pasó al Tottenham, donde por lo menos en aquellos años, todavía buscaba un lugar dentro de la burguesía inglesa. Incluso, se mantenía para muchos medios de comunicación como una de las promesas a seguir. Pero una noche de copas, lo comenzó a sepultar. ¡Maldita prensa! Se mete en lo que no debe (soy sarcástico, para quien no me conoce).

 Entonces, Ipswich Town, lesiones, Galatasaray, baja de juego, Racing, tapas y pinchos,Mallorca, fiesta… No hay mucho qué decir. 

 Entonces, llegó otro turno al bat: el Villarreal. “Que me traigan a mi hermano” y entonces, Gio, te trajeron a Jonathan, tu hermano, que dicho sea de paso, llevaba los mismos tumbos que tú. Y entonces el futbol, oficialmente, ya era lo de menos. No le fue mal, pero tampoco recuperó la credibilidad. Y lo supimos… aquel Dos Santos campeón del mundo, no volvería más.

Apareció el Galaxy y dimos por entendido, que su carrera ya estaba terminando a sus 27 años. ¡Pero qué va! Si le faltaba el hermano otra vez. Sí, ese mismo que tiene que estar con él todo el tiempo. Admiro el amor fraternal y he de decir que envidio esa cofradía que tienen, pero no es posible rescatar uno al otro constantemente.

 A nivel selección, igual, Gio. ¡La firmaste! ¿Recuerdas? Qué gol en Copa Oro a Estados Unidos. ¡Y luego a Holanda! Nos hiciste soñar. Pero pan con lo mismo. Destellos. Nada serio. Puro cuento.

 Ahora, te vas al América. A ganar una fortuna, no te culpo. Pero qué difícil pensar que tu generación de futbolistas (no mexicanos) viven el elixir del éxito en el Olimpo griego y tú… bueno, tú te diste por vencido desde hace ya mucho tiempo atrás. Ahora lo entiendo. No es el América, no es el futbol mexicano, no fue el Galaxy o llevar a todas partes a tu hermano. Fue la confusión e ilusión de algo que sucedió hace mucho ya, pero que en realidad todo fue un simple cuento de hadas. Vamos, nunca existió. 

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