Por: Luis Escobar Pasquel

 

“2 de octubre, no se olvida”, pero hoy recordamos una parte que parece casi brillante de esa amarga fecha que marcó la historia de México: la final de la Copa Mundial Sub-17 de Perú 2005.

Es de lo más común ver o leer en la prensa que se haga una remembranza de aquel histórico campeonato mundial y que fue de los protagonistas. Pero aquí no tenemos el mismo trapo viejo lavado con otro jabón. Nosotros, en estas líneas, señalaremos e intentaremos encontrar respuestas de un generación perdida.

Ahora que se jugó la Copa del Mundo en Rusia, especialistas y exjugadores se preguntaban si ésta era la mejor generación de la historia del balompié mexicano, pero a mi parece que resulta casi ocioso hacerse esa pregunta, porque ¿de qué nos sirve decir quién es mejor si todos se quedan cortos del objetivo?

Se dice que la cúspide de un futbolista llega entre los 28 y 30 años, y justo quienes llegaban con esa edad a la justa mundialista eran los que se coronaron en Perú hace trece años: Hector Moreno, Giovanni dos Santos, Carlos Vela, Chicharito (que fue cortado para la Sub-17) y muchos otros que ni siquiera llegaron al mundial; César Villaluz, Patricio Araujo, Adrián Aldrete, Ever Guzmán, Enrique Esqueda y muchos más.

El problema fue lo que pasó en el tiempo en que deberían haber seguido forjando el camino para culminar sus carreras con, ya no se diga la Copa del Mundos, sino con un resultado digno de una generación campeona del mundo.

Pero en México tenemos un ego tan grande que no nos deja ver a la vuelta de la esquina. Un claro ejemplo es Marcelo, que entra en la discusión del mejor lateral izquierdo de la historia. Subcampeón en Perú 2005, titular de Fluminense 2006 y el Real Madrid lo compró por 6.5 millones. Aquí, quieren vender a Pizarro por 20 millones por ser campeón de la Liga Mx, ¿en qué cabeza cabe?

Para el futbol mexicano el 2 de octubre es una fecha de conmemoración por todas las oportunidades que se dejan pasar y que por priorizar el corto plazo se deja pasar la oportunidad de ser un grande en verdad. Por eso, quienes dicen que el futbol es pan y circo, no se dan cuenta que aquel rectángulo de pasto sirve como espejo, pues en él podemos ver muchos de los vicios de la sociedad mexicana y todas las oportunidades que dejamos pasar cada día.

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