Por Martín Arias | Twitter: @martinariasm

El reconocido empresario mexicano Carlos Slim, en una serie de consejos que brinda para mejorar las finanzas personales y empresariales, recomienda que se debe seguir trabajando, incluso más fuerte, en época de “vacas gordas”, con el fin de continuar la generación y acumulación de un capital que permita hacer frente a los tiempos de recesión, o bien, de “vacas flacas”.

Tal parece que la Selección Alemana de Fútbol se gestiona con un modelo similar al consejo de Slim, pues no les bastó con ganar la pasada Copa del Mundo en Brasil 2014 y alcanzar la cima del balompié internacional.

Los germanos fueron más allá. No se conformaron con un equipo ganador que puede competir y superar a cualquier otra selección, con estrellas como Toni Kroos, Thomas Müller, Manuel Neuer, Mesut Ozil, André Schurrle, Mats Hummels y Sami Khedira. Entendieron desde hace mucho que el buen nivel deportivo no es eterno y prefirieron “sembrar” talentos en varios campos de su país, trabajarlos en las divisiones inferiores de sus respectivos clubes y en la Bundesliga, para luego cosecharlos, primero en selecciones menores y luego en el equipo mayor.

El proceso se lee muy fácil, pero el surgimiento de futbolistas como Julian Draxler, Joshua Kimmich, Timo Werner, Lars Stindl, Marc-André ter Stegen, Matthias Ginter, Jonas Hector, Sebastian Rudy y todos los que integran al equipo campeón de la Copa Confederaciones 2017, así como los que en días pasados consiguieron el título del Europeo Sub-21, no es para nada una agradable casualidad.

Todo club o competencia del ámbito deportivo, como toda empresa, necesita de capital para sobrevivir, y requiere muchos más recursos para crecer y mejorar. Por ello, los alemanes, en lugar de vender a sus mejores talentos y quedarse con las utilidades, que tarde o temprano se esfumarían, las reinvirtieron en mejorar la producción de sus futbolistas así como su liga local (logrando las mejores asistencias en sus estadios a nivel Europa), en exportar futbolistas al exterior (Kroos al Real Madrid u Özil al Arsenal) y en armar equipos nacionales que sean el rival a vencer en todas las competencias oficiales en las que participen.

El fútbol alemán debe ser considerado un ejemplo para ayudar a varios clubes, organizaciones y (¿por qué no?) empresas a lograr mejores dinámicas de trabajo que les permitan llegar a sus metas con mayor efectividad y facilidad.

Es una pena que en la Federación Mexicana de Fútbol no se apliquen las recomendaciones que tienen al propio Slim, uno de los mexicanos más exitosos y reconocidos en el planeta, en los primeros lugares de un ranking mundial.

Columna publicada originalmente en puntomedio.mx en este enlace.

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