Por Martín Arias | Twitter: @martinariasm

Misión cumplida. La Selección Mexicana de Fútbol ya está en el Mundial de Rusia 2018, tras vencer por la mínima diferencia a Panamá. El Tri no le calificaba con tanta anticipación y comodidad a una justa mundialista desde la edición de 2006 con Ricardo La Volpe como timonel. A pesar de las fuertes críticas recibidas en la Copa Confederaciones y Copa Oro del pasado verano, Juan Carlos Osorio cumple con la encomienda de clasificar al combinado mexicano, y eso es digno de reconocerse.

Ojo, de reconocerse, mas no de aplaudirse. El colombiano logró el objetivo primordial para el que fue contratado. El aficionado mexicano ya ni siquiera se acordaba de lo que es calificar a una Copa del Mundo “caminando”, como decía La Volpe, y el equipo de Osorio, aun con sus métodos cuestionados y esquemas cuestionables, ganó cinco partidos, empató dos y no ha perdido, para sumar un total de 12 puntos, a tres puntos de Costa Rica y a siete de Estados Unidos.

Sin que se lea soberbio, México vuelve al rival que debería corresponderle en cada eliminatoria mundialista, como el líder de la clasificación, por la inversión que recibe el fútbol profesional en el país, sobre todo en la Primera División. Hasta ahí, bien por Juan Carlos Osorio.

Pero, ¿por qué este proceso no puede ser plausible en su totalidad? Porque Juan Carlos Osorio sigue sin definir un cuadro base al que le dé continuidad rumbo a la Copa del Mundo, a tal punto que volvió a hacer rotaciones hasta en la convocatoria.

Si bien se están sacando los resultados justos y cerrados para conseguir los puntos, ahora con el objetivo de la clasificación logrado, el Tri debe conseguir la puntuación que le permita terminar como el líder de la Concacaf y tener un lugar “privilegiado” para el sorteo del Mundial, que será el 1 de diciembre próximo.

Por otra parte, Juan Carlos Osorio tiene que hacer las gestiones necesarias para que su estilo de juego sea competitivo, pero no sólo para lograr el pase al Mundial, sino para ser competitivo en él. El colombiano ha dicho que prefiere tener a 23 jugadores concentrados en un mismo objetivo para que estén listos a la hora de que se les llame. Sin embargo, también es una realidad que la potencialidad de los equipos disminuye si se tiene la energía tan dispersa en varios elementos. Es mejor tener el once inicial predefinido y contemplar los elementos que puedan reforzar ese cimiento de titulares.

En el simulacro llamado Copa Confederaciones, México le peleó a Portugal, pero quedó completamente exhibido contra la segunda selección de Alemania. ¿Se imaginan a un equipo repleto de rotaciones compitiendo contra los equipos titulares de las mejores selecciones del mundo? Será un suicidio.

 

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