“Canelo” Álvarez y Gennady Golovkin le dieron al público lo que quería: una guerra sobre el cuadrilátero, un suceso que en el boxeo moderno ya es muy raro ver. Siempre he dicho que las peleas más emocionantes se realizan con peleadores mexicanos, pero ahora, con una excepción a la regla, aseguraría que los combates que levantan más pasiones son con “estilo mexicano”.

A pesar de que el espectáculo se vio manchado por la tarjeta de 118-110 de la juez Adelaide Byrd a favor de Álvarez, el mexicano y el kazajo necesitaban una pelea como la del sábado 16 de septiembre para darle a sus carreras y al boxeo mismo la credibilidad que necesitaban. Ambos se vieron exigidos a mostrar sus capacidades boxísticas al máximo a lo largo de los 12 episodios y los dos cumplieron con creces.

En primer lugar, “Canelo” calló las bocas de la gran mayoría de sus detractores (pues sus haters lo único que quieren es verlo caer) y volvió a obtener el reconocimiento de sus seguidores. Quien de verdad apreció el combate de principio a fin, pudo ver que el tapatío no es un “producto de Televisa y Azteca”, como injustamente se le tacha.

Al contrario, en su choque contra el campeón mundial kazajo, “ Canelo” Álvarez demostró que ya no es sólo un “noqueador”, de aquellos que sólo dependen de su fuerza y potencia, sino que se ha convertido en un boxeador completo, gracias a su propia madurez como atleta y la su esquina.

Luego de su derrota contra Floyd Mayweather Jr., en 2013, el de Guadalajara tuvo que hacer ajustes en su modo de combatir, ya que no le bastaba con ser el golpeador más feroz para ser el mejor del mundo, sino que debía ser más inteligente sobre el ring, y en sus peleas posteriores mostró una mejoría notoria en sus habilidades (como fue contra Miguel Cotto), pero éstas fueron exhibidas en su máxima expresión hasta que se topó con Golovkin, a quien le peleó con un excelente movimiento de cintura y tronco, para evitar salir lastimado; con un contragolpeo peligroso que le rindió dividendos en las tarjetas; gran condición física que le permitió aguantar el embate del rival y cerrar algunos rounds en el intercambio de golpes; incluso, con una gran movilidad a través del cuadrilátero a pesar de que el juego de piernas no es uno de sus principales atributos.

Por otro lado, Gennady Golovkin expuso una vez lo que es: un golpeador nato, pero con cerebro. A pesar de que en los primeros rounds, “Canelo” lo hizo sentir incómodo y no pudo aterrizar sus mejores golpes, “GGG” se fue agrandando en el transcurso del combate y llegó a dominarlo cuando conectó con furia al mexicano.

La mayor muestra de inteligencia del kazajo se vio cuando “Canelo” se iba a las cuerdas y, en lugar de irse sobre él como toro de lidia y arriesgarse a sufrir el peligrosísimo contragolpe del rival, prefirió convertirse en serpiente y esperar una abertura en la defensa del tapatío para “picar”, ¡y vaya que los golpes llevaban veneno!Aunque “Canelo” diga que los golpes de Golovkin no fueron tan poderosos, la realidad es que el kazajo lo puso en problemas en más de una ocasión y, como se dijo antes, fue gracias al buen movimiento de cuerpo del mexicano que éste no se llevó más castigo.

A sus 35 años, “GGG” demostró que tiene forma y fondo físicos envidiables, además de que su mandíbula se mantiene intacta, ya que aguantó todo lo que le tiraron, incluyendo ese brutal “upper” en el octavo round y las distintas combinaciones en el centro del ring.A final de cuentas, muchos vieron ganar al mexicano, otros tantos al kazajo, aunque todavía no se entiende cómo Adelaide Byrd vio una ventaja tan amplia a favor de “Canelo”. A pesar de ello, los dos peleadores pueden estar contentos con sus respectivos desempeños, mas no satisfechos, porque es más que claro que habrá revancha para el año que viene (o desempate, porque no hubo perdedor).

El boxeo necesitaba de una pelea como ésta para recuperar poco a poco el terreno y la credibilidad que se ha ido perdiendo entre el público por la dudosa labor de los jueces y el mayor peso que han adquirido los promotores por encima de los organizadores.Las comisiones atléticas que regulan el deporte de los puños tienen que hacer algo urgente en la capacitación o renovación en la plantilla de jueces para evitar que ocurran fallos tan cuestionables como el de este sábado en Las Vegas, o en más escandalosos aún, como el de la pelea de Manny Pacquiao contra Jeff Horn.

Sería una verdadera lástima que peleadores como Saúl “Canelo” Álvarez y Gennady Golovkin brinden peleas memorables como la que acaban de ofrecer y que el espectáculo arriba del ring siga estando en riesgo de un final repudiable por una mala apreciación de los jurado.

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