Por Martín Arias

La Independencia de Cataluña es un tema que trae mareado a más de uno, sobre todo al FC Barcelona, que como bien dice su filosofía institucional, es “mucho más que un club” para esa comunidad autónoma de España.

Un equipo de fútbol muchas veces contribuye a la historia del lugar al que pertenece y puede reforzar el sentimiento de pertenencia de una ciudad, estado, región o hasta de un país. Por muchos años, el FC Barcelona ha llenado de glorias a un gran número de catalanes y del mismo modo ha sido una figura simbólica de resistencia y confrontación con los ideales políticos tradicionales del país ibérico, sobre todo, en sus partidos contra el Real Madrid.

Sin embargo, el asunto de la independencia ha puesto al Barsa entre la espada y la pared, a tal punto de que el club no hecho algún posicionamiento institucional en torno a la situación para no afectar sus intereses, creando en el club una incómoda disyuntiva, entre sí apoyar a las instituciones regidoras de los campeonatos en los que participa o brindar respaldo a los ciudadanos catalanes.

Por un lado, en caso de que prospere el proyecto de independencia (que ya se convirtió en el segundo problema que preocupa más a los españoles, con un 29% en el mes de octubre, según el Centro de Investigaciones Sociológicas) y llegue hasta su consumación, el Barcelona puede perder mucho en todos los planos.

En lo deportivo, el club catalán sería desafiliado de la liga española y de la Copa del Rey, ya que por obvias razones, en esos campeonatos sólo pueden participar equipos que estén alineados a la constitución de España, al mismo tiempo que respeten la figura de la corona de ese país. Sin esos escenarios de competencia, tendría que crearse la liga catalana, con equipos de inferior nivel al Barcelona, donde la oposición medianamente digna sería el Espanyol, aunque no podría decirse lo mismo de clubes como Girona, Nàstic y Reus, o muchos otros tantos de Segunda B o Tercera División.

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Al pensar en una hipotética liga catalana, no queda más que pensar en el eventual desplome del todopoderoso Barcelona, ya que al tener una liga de poca competitividad, los jugadores estelares como Lionel Messi, Luis Suárez, Iván Rakitic, Sergio Busquets y varios más, que son internacionales con sus selecciones, tendrían que salir del equipo, ya que al ser estrellas no se podrían dar el lujo de jugar en una liga en ciernes con bajo nivel de competitividad y un financiamiento inicial que no alcanzaría para pagar sus elevados salarios. De hecho, ésta sería la gota que derramaría el vaso para que Messi abandone el barco, debido a su enfrentamiento con el presidente del club, Josep María Bartomeu, y se vaya de una vez por todas al Manchester City, donde Pep Guardiola lo espera con los brazos abiertos.

De acuerdo con cifras reveladas por el diario El País, el presupuesto del Barcelona está confeccionado a partir de su permanencia en la liga española, pues sólo por concepto de derechos de televisión recibieron 147 millones de euros. Para la temporada 2017-2018, la entidad catalana presentó un presupuesto récord de 887 millones de euros y el 33% por ciento de ese capital (300 mde) es sólo por concepto de marketing. ¿Qué patrocinador podría apostar igual de fuerte con el Barcelona fuera del campeonato español y participando en una liga de tan poca exposición como podría ser la catalana?

Si bien se ha manejado que la liga francesa invitaría al Barcelona a participar, es una situación que no es idónea y que debería ser desechada por completo, ya que atentaría contra la identidad, la historia y hasta con las finanzas del equipo.

Por si fuera poco, el Barcelona perdería el derecho de jugar en la Champions League, pues la Unión Europea hizo pública su postura de que no reconocerá a Cataluña como país independiente, con lo que España sigue siendo el interlocutor de la comunidad catalana ante las demás naciones europeas. Con ello, inmediatamente debe entenderse que la UEFA no reconocería a la liga catalana como un campeonato oficial bajo su regiduría y el Barcelona no tendría oportunidad de jugar en el máximo circo futbolístico del viejo continente.

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Ante el panorama que se cuece en Cataluña, el Barcelona no la tiene fácil en cuestiones de operación, pero, ¿y dónde quedan sus aficionados? Sin generalizar, un gran sector de seguidores del cuadro catalán ha manifestado su total apoyo a la independencia de esa comunidad, incluso con pancartas y cánticos al interior del mismo Camp Nou, dejando el futbol en segundo plano, un esfuerzo que no supo corresponder el equipo cuando, el día del referéndum, decidió jugar el partido de liga contra Las Palmas a puerta cerrada en lugar de suspender la jornada para respaldar a la ciudadanía.

¿A quién debe apoyar entonces el Barcelona? ¿A sus intereses o a los catalanes? ¿A aquellos que le llenan las arcas para seguir empoderándolo y competir año con año por títulos y en el mercado de fichajes? ¿O a quienes, partido a partido, abarrotan las gradas del Estadio Camp Nou, los bares o siguen religiosamente por televisión los juegos desde su casa u oficina y que ven al equipo como uno de los máximos símbolos de la expresión catalana?

La decisión no es nada sencilla para el cuadro blaugrana, por lo que la política debe hacer su trabajo para evitar que los extremos triunfen y que se llegue un acuerdo que beneficie, primero, tanto a los ciudadanos catalanes y españoles, y luego a un equipo culé que se tambalea en la cuerda floja de la incertidumbre.

 

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