Todo hijo ganador tiene una madre de campeonato. ¡Feliz día a todas ellas!

Por Paola Finol

 

Hola mamá:

Acabo de atravesar la meta, conseguí la victoria, superé a mi rival, estoy a punto de saltar a un nivel más alto y lo primero que se me viene a la mente es: “Te lo debo a ti”.

Recuerdo que me levantaste temprano cada mañana cuando lo que quería era dormir un rato más, me alimentaste para fortalecer mi cuerpo, me llevaste a cada entrenamiento a tiempo, te preocupaste por comprarme el equipo que necesitaba aunque constantemente lo extraviara, me mirabas desde de las gradas, me curaste todas las heridas y me apoyaste en todo momento.

Sólo tú entendías esas ganas que tenía de salir a competir y de pasar horas fuera de casa, así como que descuidara mis tareas por pensar en mi deporte, con todo y eso nunca dejaste de apoyarme y exigirme que diera lo máximo en todos los ámbitos.

Alguna que otra vez me molesté por perder y tú me enseñaste a valorar esas derrotas para transformarlas en futuras victorias. También aprendí de ti a respetar a mis compañeros y contrincantes, porque al final del día era “sólo un juego”. Sin embargo, tú siempre supiste que para mí no era un simple juego, que significaba todo para mí y que era mi propósito de vida, pero procurabas no repetírmelo mucho, pues querías que siempre tuviera los pies sobre la tierra.

Ahora que estoy por cumplir mi objetivo o estoy casi llegando a él, entiendo todo lo que me decías y lo aplico siempre.

¡Feliz día mamá, mi triunfo también es tuyo!

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